Ex fiscal denunciado por abuso sexual y privación ilegítima de la libertad

La madrugada del 30 de agosto de 2025, en cercanías del Patito Sirirí, un episodio estremeció a la ciudad. Federico Uriburu, ex fiscal de Nogoyá y Rosario del Tala, fue denunciado por presuntamente abusar de una adolescente de 16 años y privar de la libertad a otras dos jóvenes a las que trasladaba como chofer de una aplicación. La investigación quedó en manos de la fiscal Ileana Viviani.

La presentación judicial ingresó a la Unidad Fiscal de Atención Primaria hace algunos días. De acuerdo a los testimonios de las adolescentes, Uriburu las habría obligado a desviarse de su recorrido y, durante el trayecto, una de ellas fue víctima de abuso sexual. Las cámaras de seguridad registraron además el choque del Chevrolet Cruze que conducía el ex fiscal a las 3.43, tras obligar a una de las chicas a manejar el vehículo.

La fiscal Viviani le atribuyó a Uriburu la posible comisión de los delitos de privación ilegítima de la libertad y abuso sexual simple, además de exigirle que designe abogado defensor.

El nombre de Uriburu no es nuevo en el terreno de las denuncias. Durante su paso como fiscal en Nogoyá y Rosario del Tala acumuló episodios que lo dejaron bajo la lupa.

En 2020 fue denunciado por violencia de género, luego de un episodio de hostigamiento en un bar, donde se presentó haciendo valer su cargo y terminó en un escándalo que involucró a la pareja de la víctima. Ese mismo año fue trasladado a Rosario del Tala, pero tampoco allí logró sostener su lugar.

En septiembre de 2023, una empleada judicial con la que mantenía una relación lo acusó de abuso sexual, relatando situaciones de intimidación y ostentación de contactos dentro del Poder Judicial. Esa denuncia selló su salida: renunció, aunque hasta hoy sigue cobrando parte de su sueldo como funcionario desplazado.

La trayectoria de Uriburu comenzó en 2002 dentro del Poder Judicial. Alcanzó notoriedad cuando ordenó el allanamiento al convento de Carmelitas Descalzas en Nogoyá, pero pronto su carrera se tornó oscura. Su vínculo con abogados de dudosa reputación, los hostigamientos denunciados y las acusaciones de violencia de género marcaron una espiral descendente.

Ahora, convertido en chofer de aplicación, volvió a quedar en el centro de la escena, esta vez denunciado por un hecho gravísimo que involucra a menores de edad.

La situación de Federico Uriburu expone un interrogante mayor: ¿cómo un funcionario con múltiples denuncias logró sostenerse tantos años dentro del Poder Judicial? El caso obliga a mirar más allá del hecho puntual y revisar los mecanismos de control y sanción dentro de la Justicia entrerriana.

El ex fiscal renunciado, sumariado y cuestionado por su conducta privada y pública, enfrenta ahora una de las causas más graves de su vida. La investigación recién comienza, pero la pregunta es inevitable: ¿hasta qué punto la Justicia se anima a juzgar a uno de los suyos?


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