El Senado de la Nación rechazó el proyecto de Ficha Limpia, que buscaba impedir que personas con condenas por corrupción sean candidatas a cargos electivos. La iniciativa obtuvo 36 votos afirmativos y 35 negativos, pero necesitaba mayoría absoluta (37 sobre 72) al tratarse de una modificación al Código Electoral. Así, la ley perdió estado parlamentario y no podrá volver a discutirse en lo que resta del año.
El desenlace sorprendió porque el oficialismo libertario había dado señales públicas de apoyar el proyecto, en sintonía con el PRO y la UCR. Sin embargo, por lo bajo operó para frenarlo, especialmente a través de acuerdos con aliados. La negativa de los senadores misioneros Sonia Rojas Decut y Carlos Arce, del espacio de Carlos Rovira, fue clave para el resultado.

Según trascendió, el subsecretario general de la Presidencia, Lule Menem, tuvo un rol central en el acuerdo con Rovira. Este vínculo ya se había consolidado en 2024, en una reunión con el jefe de Gabinete Guillermo Francos. La intención del gobierno habría sido evitar que Karina Milei sea interpelada por el escándalo Libra, protegiendo su exposición pública.
El rechazo a la ley dejó al macrismo y a su impulsora, Silvia Lospennato, como grandes perdedores. Incluso medios afines al proyecto daban por segura su aprobación, montando una cobertura especial que quedó descolocada. Mientras tanto, el bloque peronista, respaldado por Cristina Fernández de Kirchner, nunca dio por perdida la votación.
La caída de Ficha Limpia desnudó las tensiones internas del oficialismo y sus alianzas con sectores del peronismo. El jefe del bloque libertario, Ezequiel Atauche, expresó su desconcierto por la ausencia de los misioneros y denunció presiones. “Nos dijeron que estaban los votos”, afirmó, dejando entrever que el pacto político superó el discurso contra la casta.
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