Chamarrita, una aguará guazú que llegó herida y asustada a manos humanas en octubre del año pasado, fue liberada este viernes en la reserva El Potrero, cerca de Gualeguaychú. Su vuelta a la vida silvestre marca el inicio de un programa de reintroducción de esta especie en Entre Ríos, donde prácticamente ha desaparecido, víctima del avance del monocultivo y del viejo prejuicio que la liga a la leyenda del lobizón.
El aguará guazú —también conocido como «zorro grande» o «lobo de crin»— es el cánido más grande de América del Sur. Solitario, tímido y clave para el equilibrio de su ecosistema, fue injustamente temido durante siglos. Hoy, distintas organizaciones trabajan para que vuelva a habitar los pastizales y humedales entrerrianos sin ser perseguido ni malinterpretado.
La historia de Chamarrita comenzó en un barrio de Paraná, cuando fue encontrada lastimada y rodeada por perros. Vecinos avisaron a la policía rural, que la rescató y contactó a la Granja La Esmeralda, en Santa Fe, donde fue atendida por el veterinario Antonio Sciabarrasi. Su recuperación fue lenta, pero constante, y tras semanas de cuidados, estaba lista para regresar a Entre Ríos.

Fue recibida en El Potrero, una reserva de 18 mil hectáreas manejada por la familia García Uriburu. “Poder estar cerca de un animal mítico, observarlo, estudiar su comportamiento, fue una experiencia única”, dijo Daniel Ávalos, nacido en la zona y encargado del seguimiento de fauna. Desde diciembre, Chamarrita vivió allí en un recinto semicontrolado, fortaleciéndose.
Su liberación, realizada con un collar satelital para monitoreo, fue acompañada por Fundación Temaikén, Rewilding Argentina, la provincia de Entre Ríos y la Granja La Esmeralda. “Hoy abrimos la puerta y ella tiene la libertad de entrar y salir. Es un proceso paulatino, pero fundamental para su adaptación”, explicó Azul García Uriburu, referente del proyecto.
El equipo seguirá observando a Chamarrita con cámaras trampa, sin intervenir a menos que sea necesario. El objetivo es que esta reintroducción sea la primera de muchas. “Nos importa cada individuo. Debemos compartir el espacio con la naturaleza. La vida tiene que ser entrelazada, porque somos parte de lo mismo”, concluyó García Uriburu, emocionada.
Si valorás nuestro trabajo periodístico independiente, podés colaborar con $1.000 para impulsar este proyecto en el siguiente enlace: https://ojourbano.com.ar/impulsa-este-proyecto/
