Este viernes por la tarde, el Auditorio Municipal “Carlos María Scelzi” fue escenario de un encuentro que convocó a docentes, familias y referentes comunitarios en torno a una problemática tan actual como urgente: la inclusión de niñas, niños y adolescentes con Trastornos del Espectro Autista (TEA) en el ámbito educativo. Se trató del conversatorio “El Autismo y el Aula”, a cargo de la Mg. Verónica Martorello, una reconocida profesional con amplia trayectoria en la temática.
La actividad fue organizada por la Dirección para la Inclusión de las Personas con Discapacidad de la Municipalidad de Concepción del Uruguay, y estuvo especialmente orientada a docentes de nivel inicial y primario, aunque también se acercó público en general interesado en la propuesta.
En la apertura, el director del área, Ángel Salamonini, agradeció la participación del público y el acompañamiento de instituciones y organizaciones, especialmente al equipo de Hablamos de Autismo. En su intervención, remarcó que hablar de discapacidad “sigue siendo un desafío”, y puso el acento en el rol de las familias: “Desde el momento del diagnóstico, los padres comienzan una lucha por incluir a sus hijos, primero en la familia, luego en lo social, en el sistema de salud, y por último en la escuela”.
Durante su exposición, Martorello compartió experiencias concretas que dan cuenta de lo que es posible cuando existe acompañamiento y compromiso. Relató casos de chicos dentro del espectro que no solo terminaron la escuela, sino que hoy proyectan su futuro en la universidad.
Pero también fue clara al advertir que los desafíos del aula no se limitan al TEA. “Las tensiones del presente atraviesan a todos. Los ritmos acelerados, las exigencias, las formas de crianza… afectan lo humano. Y en ese contexto, enseñar y acompañar se vuelve una tarea cada vez más compleja”, reflexionó.
Uno de los momentos más potentes del encuentro fue cuando invitó a pensar el aula como un espacio colectivo que necesita ser repensado entre todos. “Podemos intentar frenar o pausar —dijo—, pero si no lo hacemos en comunidad, la inercia nos vuelve a arrastrar. Por eso, es clave generar espacios de encuentro, escucha y reflexión que nos permitan hacernos preguntas y construir respuestas colectivas”.
El cierre fue con un espacio de intercambio abierto, donde los asistentes pudieron plantear preguntas, compartir inquietudes y sumar sus propias experiencias. El tono fue cálido, participativo y con una fuerte carga emocional que dejó en claro la necesidad de seguir generando este tipo de instancias.
También participaron del conversatorio el secretario de Salud, Discapacidad y Derechos Humanos, Nicolás Angelini; la coordinadora de la Dirección para la Inclusión de las Personas con Discapacidad, Vanesa Miño; y la concejal María Isabel Sola.
Desde todos los sectores presentes coincidieron en que la propuesta fue altamente valorada, tanto por la calidad de los contenidos como por el clima de escucha y respeto que se generó. Un paso más —concreto y necesario— hacia una escuela más inclusiva y una comunidad más empática.
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