Por: Manuel Iconicoff
Desde hace casi dos décadas, la escuela de básquet del Club Sarmiento de Concepción del Uruguay forma a niños, niñas y adolescentes en una propuesta que combina enseñanza deportiva, valores y sentido de pertenencia. El proyecto es encabezado por el profesor Matías Benay desde 2008 y hoy reúne a decenas de jóvenes de distintas edades que entrenan y compiten regularmente. Lo que comenzó con unos pocos chicos del barrio terminó convirtiéndose en una estructura formativa consolidada, sin perder el espíritu familiar que caracteriza a la institución.
Una tarde cualquiera en Sarmiento resume buena parte de esa historia. Mientras los padres conversan al costado de la cancha, los chicos llegan con sus mochilas y sus pelotas para participar de los entrenamientos. Las distintas categorías comparten el espacio, las familias se conocen entre sí y el club mantiene una dinámica que trasciende lo estrictamente deportivo.

Benay recuerda que la iniciativa nació a partir de una necesidad concreta. En 2007 trabajaba en el minibásquet del Club Rivadavia y observó que hacían falta más espacios para el desarrollo de la disciplina. Así fue como el 8 de abril de 2008 puso en marcha la escuela de básquet en el club de su barrio.
“Recuerdo salir en bicicleta a pegar afiches en los postes de luz, repartir folletos en las escuelas y acercarme a los vecinos para invitar a los chicos. Al principio pensaba solamente en el minibásquet, pero cuando esos niños crecieron entendí que el proyecto también debía acompañarlos en las categorías intermedias”, contó.
Los comienzos fueron modestos. Los aros estaban en desuso y varias de las primeras pelotas llegaron gracias a donaciones. Con el paso de los años, la infraestructura fue mejorando de manera gradual. Se renovó la iluminación, se reemplazó el techo y se incorporaron nuevos elementos deportivos.

“Fuimos creciendo de a poco, pero con pasos firmes. Hoy tenemos una cancha con piso deportivo de polipropileno, tableros de acrílico y una pelota para cada chico”, explicó el entrenador.
Actualmente, la escuela trabaja con todas las categorías de minibásquet —escuelita, mosquito, premini y mini— y también con las divisiones formativas U13, U15, U17 y U19. Cada grupo dispone de entre tres y cuatro entrenamientos semanales y todas las actividades son mixtas.
Según Benay, uno de los principales desafíos es derribar la idea de que en Sarmiento se practica únicamente un básquet recreativo.
“Muchos creen que acá se hace básquet recreativo, pero se enseña básquet como en cualquier otro club. Hay una planificación, una formación técnica y una competencia durante todo el año”, señaló.
Además del aprendizaje deportivo, el proyecto pone el foco en la formación integral de los chicos. El entrenador sostiene que el deporte es una herramienta para desarrollar hábitos, responsabilidad, respeto y vínculos saludables.

En ese sentido, advirtió sobre una problemática que observa con frecuencia entre las nuevas generaciones: la disminución de las habilidades motrices básicas.
“Hoy vemos chicos que tienen dificultades para correr, saltar o frenar correctamente. Es una realidad que no ocurre solamente acá, sino en muchos lugares del mundo. Los niños dejaron de jugar al aire libre y eso tiene consecuencias. Es un desafío que debemos afrontar entre la educación física y los clubes”, reflexionó.
A lo largo de estos años, Benay complementó su tarea con una intensa formación profesional. Participó en campus organizados por figuras históricas del básquet argentino como Leo Gutiérrez, Andrés Nocioni y Diego Palladino. También realizó experiencias de capacitación en Estados Unidos, donde asistió a entrenamientos universitarios y escolares.
Más recientemente, integró proyectos de desarrollo impulsados por la Confederación Argentina de Básquet y mantuvo vínculos con instituciones deportivas de Uruguay. Para este año tiene previsto lanzar una academia destinada a jugadores de categorías intermedias, semiprofesionales y profesionales.
Sin embargo, pese a las oportunidades y experiencias acumuladas, asegura que su lugar sigue siendo el Club Sarmiento.
“La elección fue sencilla porque es mi club de pertenencia y porque hace casi veinte años no había en esta zona una institución que ofreciera básquet. Además, es un barrio muy familiar y estaba convencido de que el proyecto podía funcionar”, afirmó.

Al hablar sobre la enseñanza en edades tempranas, Benay remarca la responsabilidad que implica trabajar con niños y adolescentes. Considera que el rol del entrenador excede ampliamente lo deportivo y que muchas veces debe acompañar procesos personales y familiares.
“Las familias te confían lo más valioso que tienen. Hay que formar jugadores, pero también personas. Tenemos un impacto importante en la vida de los chicos y podemos dejar una huella que los acompañe para siempre”, expresó.
Después de casi dieciocho años de trabajo ininterrumpido, la escuela de básquet del Club Sarmiento continúa creciendo. Lo hace desde un perfil barrial y familiar que, lejos de limitar su desarrollo, se convirtió en una de sus principales fortalezas. Para quienes forman parte del proyecto, el verdadero resultado no se mide solamente en partidos ganados, sino en cada niño y adolescente que encuentra en el club un lugar para aprender, compartir y desarrollarse.
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