El jurado popular declaró este miércoles en Paraná que los policías Oscar Ricardo Molina y Diego Íbalo no fueron culpables por la muerte de Gabriel Gusmán, en un veredicto leído en el Salón de Actos del Superior Tribunal de Justicia, tras siete jornadas de debate que incluyeron una reconstrucción realizada en la zona sur de la ciudad. El proceso judicial involucró a los imputados, a sus defensas y a los abogados querellantes que representaron a la familia del joven fallecido.
El jurado comunicó por unanimidad que el accionar de Molina quedó justificado por legítima defensa y por el cumplimiento de un deber. La representante del cuerpo ciudadano también informó de manera unánime que Íbalo no fue hallado culpable. Con esa resolución, el juez técnico del Tribunal de Juicio y Apelaciones, Alejandro Grippo, dispuso la disolución del jurado y agradeció el compromiso de las seis mujeres y los seis hombres que participaron del proceso.
El juicio avanzó con la participación de las partes que mantuvieron posiciones opuestas durante todo el debate. La querella estuvo representada por los abogados José Iparraguirre y Rubén Pagliotto, mientras que la defensa de Molina fue asumida por Miguel Cullen y Daniel Rosatelli. El propio Rosatelli y Patricio Cozzi llevaron adelante la defensa de Íbalo. En la última jornada, los alegatos finales y el veredicto se difundieron a través del canal oficial del STJ.
El proceso formó parte del juicio por jurados número 148 desde que el sistema comenzó a funcionar en Entre Ríos. Cada audiencia contó con la exposición de peritos, policías, vecinos y especialistas que aportaron distintas miradas sobre lo ocurrido en 2018 en el barrio Capibá, donde murió el joven de 20 años.
Luego del veredicto, Pagliotto expresó su postura sobre la decisión del jurado. El abogado sostuvo que el caso dejó “una gran sensación de tristeza” para la familia de Gabriel. Afirmó que el joven no tenía antecedentes y que no pertenecía al barrio, y relató que intentó huir por la cancha del club Capibá antes de ser alcanzado. También aseguró que los testimonios de vecinos indicaron que la víctima no disparó durante la persecución.
Pagliotto consideró que, en el escenario más favorable para los acusados, pudo haber existido un exceso en la legítima defensa. Reconoció que la querella no logró ser lo suficientemente clara o convincente ante el jurado y remarcó que la tristeza se impone sobre cualquier lectura jurídica después de una resolución que deja abierta una herida profunda para sus familiares.
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