Gonzalo Esquivo: «Se llega más lejos desde lo humano que desde lo futbolístico»

Gonzalo Rodrigo Esquivo es uno de los entrenadores que forman parte del fútbol infantojuvenil de Atlético Uruguay. Desde principios de 2025 está al frente de la categoría 2017, un grupo que viene teniendo destacadas participaciones y buenos resultados en los distintos torneos que disputa.

Su trabajo no se limita a la enseñanza de los fundamentos del fútbol. La unión del grupo, el compañerismo, el respeto y el acompañamiento de las familias son algunos de los aspectos que considera fundamentales para el crecimiento de los chicos. A su vez, destaca el compromiso de los jugadores, el vínculo con los padres y el trabajo compartido con los demás integrantes del cuerpo técnico del club.

En diálogo con la web oficial de Atlético Uruguay, El Gonza repasó sus comienzos como entrenador, contó cómo desarrolla los entrenamientos y explicó qué busca transmitirles a los chicos dentro y fuera de la cancha. También habló sobre los objetivos para lo que viene y el recuerdo que le gustaría dejarles a los jugadores cuando sean más grandes.

—¿Cómo empezaste a ser entrenador de fútbol infantil y qué es lo que más disfrutás de esta actividad, que muchas veces se sostiene más por pasión que por lo económico?

—Arranqué en 2025. A principios de ese año me hablaron para sumarme al club. Me gustó la idea y la propuesta que me hicieron. Saber que Atlético es uno de los clubes más grandes de la ciudad y que me tuvieran en cuenta para formar parte de una institución tan importante me convenció.

Lo que más disfruto de ser profe es estar día a día con los chicos. Si uno tiene un mal día, llega al entrenamiento y, con un «hola, profe» o un abrazo, se le pasa toda la frustración. Sin duda, eso es lo que más disfruto: estar con ellos y compartir todos los días.

Tal como dice la pregunta, esta actividad se sostiene más por pasión. Soy un loco por el fútbol, me encanta y lo vivo desde chiquito. Antes lo vivía como jugador y ahora, como profe, lo sigo viviendo de la misma forma. Es algo que hago por pura pasión, no por lo económico. Siempre digo que lo que uno hace en esta actividad es por pasión, ni por plata ni por nada.

—La categoría 2017 viene teniendo muy buenos resultados y es una de las más ganadoras del infantojuvenil. ¿Qué virtudes tiene este equipo para mantenerse en ese nivel? ¿Cuánto hay de talento y cuánto de trabajo y compromiso?

—Sí, la categoría 2017 viene teniendo muy buenos resultados. Yo arranqué con ellos a principios de año y es un grupo muy lindo, con muy buenos chicos.

La virtud para mantener al equipo es ser un grupo unido. Desde chiquitos hay que ir inculcándoles que nadie es más que nadie, que todos somos iguales y que tenemos que tirar para el mismo lado. Creo que la categoría 2017, en el infantojuvenil, si no es la más ganadora, está muy cerca. Hay unos chicos bárbaros, tanto individual como grupalmente. Para mí, todos son iguales, y eso es lo que da resultados.

En cuanto al trabajo, entrenamos de lunes a jueves y el compromiso está al ciento por ciento, porque en todos los entrenamientos tengo entre 25 y 26 jugadores. A la hora de hacer la lista, por ahí se dificulta un poquito, porque tenés que decidirte por uno o por otro. Creo que están todos en el mismo nivel y eso es lo que a uno, como profe, lo satisface, aunque también hace que las decisiones sean difíciles.

—¿Cómo trabajás con los chicos durante los entrenamientos y qué buscás transmitirles, tanto desde lo futbolístico como desde lo humano?

—En los entrenamientos trabajamos mucho el rondo de pases, la definición, la defensa y el ataque. Se trabaja muy bien durante la semana y creo que eso nos da muchos frutos, porque son chicos que siempre ponen sus ganas y su actitud para llegar al fin de semana y plasmar lo que uno les transmite.

En lo futbolístico, siempre trato de transmitirles que ninguno tiene que ser más que otro, que todos somos iguales y que tenemos que tirar para el mismo lado. Tanto el que le toca estar como el que no, porque creo que la categoría 2017 tiene eso: tiran todos para el mismo lado. Ese es el objetivo que uno busca.

En lo humano, trato de transmitirles que sean buenos compañeros, tanto durante esa hora y media que estamos en el club como después del entrenamiento. Siempre les digo que hay que ser buenas personas. Cuando vamos a jugar los sábados o a participar en torneos libres, tienen que estar siempre a disposición de sus compañeros. Cuando uno se cae, los demás tienen que levantarlo en lo anímico.

Creo que eso es lo que uno trata de transmitirles continuamente: que por ahí se llega más lejos desde lo humano que desde lo futbolístico.

—¿Cómo hacés para mantener el equilibrio entre la búsqueda de resultados y la formación de los chicos? ¿Qué les enseñás cuando ganan seguido y cómo trabajás con ellos cuando les toca perder?

—El resultado es importante, pero la formación y el desarrollo del jugador están por encima de ganar un partido.

En cuanto a la formación individual, busco que todos los chicos aprendan los fundamentos técnicos y tácticos, que se animen a jugar, a tomar decisiones y a equivocarse sin miedo.

Les enseño a competir, a querer ganar y a respetar al rival, pero también a entender que una derrota es una oportunidad para aprender y mejorar.

—¿Cómo es tu relación con los padres y las madres de los chicos? ¿Qué importancia tiene el acompañamiento de las familias y qué les pedís para que ayuden al crecimiento del grupo?

—Con los papás me llevo muy bien. Al principio no había mucho diálogo, más allá del que tenía con la delegada de la categoría. Pero después del viaje a Nogoyá, creo que terminamos de formar una relación muy linda entre los padres y yo, como profe. Hoy en día te puedo decir que la relación es muy buena con todos los papás de la categoría.

El acompañamiento de las familias es fundamental, más que nada para que los chicos no se sientan solos. Creo que el infantojuvenil es la parte que más gente lleva a la cancha, porque van los tíos, las tías, los abuelos, los primos, las mamás, los papás y los hermanos. Va mucha gente y eso es lo bueno del acompañamiento hacia los chicos.

Yo, más que nada, les pido a los papás que estén unidos, que sean un grupo también. Si hay dificultades, por ahí se hace todo muy pesado. Los chicos lo sienten, escuchan y ven cosas. Si el grupo está dividido, se hace más difícil intentar hacer lo mismo. Pero te digo que eso no nos pasa en la categoría, porque tenemos un grupo de papás muy bueno y muy unido.

—¿Qué significa para vos formar parte del trabajo infantojuvenil del club?

—Para mí significa algo lindo, algo hermoso que a uno le gusta. Creo que tengo muy buenos compañeros como profes en el infantojuvenil y que nos vamos ayudando entre todos, porque sin la ayuda de ellos, por ahí, a uno se le hace más difícil.

Siento una satisfacción enorme por el grupo de trabajo que hay en el infantojuvenil. No estoy solamente en una categoría, sino que también soy ayudante en Quinta, Cuarta y Tercera División. Es algo lindo formar parte de ese grupo de trabajo con los profes.

—¿Qué objetivos te planteás para lo que viene y qué te gustaría que los chicos recuerden de vos y de esta etapa cuando sean más grandes?

—Mis objetivos para lo que viene son seguir creciendo como entrenador, aprender cada día y ayudar a los chicos a mejorar, tanto dentro como fuera de la cancha. Quiero que disfruten del fútbol, que aprendan a trabajar en equipo, a respetar, a ser buenos compañeros y a no rendirse nunca ante las dificultades.

Me gustaría que, cuando sean más grandes, recuerden esta etapa con una sonrisa y sepan que tuvieron un entrenador que confió en ellos, que los acompañó y que siempre quiso verlos crecer. Más allá de los resultados y de los títulos, quiero dejarles valores, enseñanzas y lindos recuerdos.

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