Por: Daniel Ventresca (*)
A menudo hay personajes de que entran en las páginas de la historia, debido a su gran genialidad, a su capacidad de mando político, a su raciocinio superlativo o quizá también por haber hecho sacrificios altruistas por la raza humana. Pero hay quienes también sellan su nombre en la posteridad, solamente por estar en el lugar equivocado y en la hora equivocada. Este es el caso de nuestro personaje de la historia del día. Hablamos de Juan Alberto Lartigau. Varias calles y ciudades de la república argentina llevan la estampa de su nombre. ¿Cuál fue la hazaña o servicios a la patria para tan merecido homenaje? Bien, Lartigau era el secretario personal del Jefe de la Policía de la Capital, Coronel Ramón Falcón, fallecido en un atentado anarquista en el año 1909; a su lado iba el joven secretario, quién corrió con la misma suerte.
Juan Lartigau había nacido en 1889 en una familia numerosa de nueve hermanos, su tranquila vida transcurría con normalidad, hasta que su padre decide mandarlo a trabajar coon el Coronel Falcón.
El tristemente célebre Coronel Ramón Falcón había protagonizados varios hechos criminales contra los obreros de Buenos Aires. Ascendido como Jefe de la Policía en 1906, Falcón aplastó con mano de hierro las huelgas anarquistas que se realizaban en la Capital. Su accionar fue sin miramientos, duro y cruel, contra todo lo que fuera anarquista o socialista. Es por eso que reprime con soltura la huelga de inquilinos de 1907, en la cual los manifestantes, mayormente mujeres, reclamaban mejoras, en las viviendas que habitaban, por su falta de higiene y altos costos de alquiler. Pero su sello criminal acaeció el 1° de mayo de 1909, cuando se llevaba a cabo la histórica marcha por los derechos de los trabajadores; Falcón, al mando de un populoso grupo de oficiales, abre fuego contra la multitud, causando la muerte de una veintena obreros y cientos de heridos. Estos sucesos fueron conocidos como la Semana Roja.

En consecuencia, el 14 de noviembre de ese año, un joven anarquista de nombre Simón Radowitzky atenta contra la vida de Falcón, buscando justicia por los muertos en aquellas jornadas. De esta manera sucede el atentado contra el jefe de la policía que conmocionará a todo el país y tendrá consecuencias políticas trascendentales.
Era el domingo 14 de noviembre de 1909 a las 11 horas de la mañana; Lartigau y Falcón salían de una misa en conmemoración a un oficial caído. Debido a que el auto para desplazar a ambos estaba en reparación, utilizaron un carruaje con un chofer a bordo. Salen de la Iglesia del Pilar, en el coqueto barrio de Recoleta y toman la calle Quintana; se dirigen con sigilo hacia sus destinos, cuando al doblar por Callao, un vecino de un edificio lindero, observa cómo un misterioso joven vestido de negro se acerca corriendo al carruaje y con audacia lanza un artefacto que cae dentro del móvil y se estanca entre los pies del Coronel; a los pocos segundos, se oye un estruendoso estallido que acaba con la tranquila mañana de aquel domingo primaveral.

La conmoción fue tal que el vecino da aviso a la policía caminera, a los gritos. El joven intrépido huye de la escena en dirección a la Avenida Alvear, pero cuando se ve rodeado por la policía, se dispara a sí mismo, para evitar ser capturado con vida. No logrado este cometido, es golpeado por transeúntes que vieron el atentado y por los mismos policías que lo detienen. Al mismo tiempo, Lartigau y Falcón son socorridos por otros oficiales que llegan a la escena. Quién presenta mayor gravedad de heridas es el Coronel que tiene destrozadas sus piernas; en el hospital tendrán que amputarle una, pero finalmente falleció a las 14 horas de aquel día. Por su parte el joven Lartigau, sufrió la amputación de su pierna derecha y pierde su vida a las ocho de la noche. Por ambos, se hicieron ceremonias conmemorativas y despedidas, con funerales vistosos. Varias autoridades de la época expresaron su pesar por el hecho sucedido. Los restos de Falcón se encuentran en el cementerio de la Recoleta, apenas a unos metros de la Iglesia que salió aquella mañana y a doscientos metros de donde perdió la vida. Por su parte, Lartigau yace justo en frente de la tumba de Falcón. Por azar del destino, el joven secretario terminó sus días junto al Coronel que supo acompañar, y así estarán, uno al lado del otro, por siempre.

(*) Historiador. Universidad de Buenos Aires. Periodista y escritor especializado en historia social.
Si valorás nuestro trabajo periodístico independiente, podés colaborar con $1.000 para impulsar este proyecto en el siguiente enlace: https://ojourbano.com.ar/impulsa-este-proyecto/
